26 de septiembre de 2009

Debo de estar loca perdida

No sé cuándo fue mi primera decepción con los medios. La primera con los políticos fue durante la segunda legislatura del ex presidente Aznar, pero no creo que eso extrañe a nadie dado el ambiente que se respiraba entonces. El caso es que desde que recuerdo haber dejado de mirarme tanto el ombligo para preocuparme un poco por lo que pasaba a mi alrededor, medios y políticos me tienen profundamente decepcionada

Aun así, sigo votando. Aun así, sigo estudiando periodismo.

Sobre este segundo punto debo confesar que he llegado incluso a plantearme cambiar de carrera. Coincidieron un momento académicamente difícil, la falta de confianza en mí misma y la creciente sensación de que, tal y como están ahora las cosas en los medios de comunicación, me iba a ser imposible hacer el tipo de periodismo que quiero.

No quiero que me obliguen bajar el tono o que no pueda informar de algo porque no coincide con la línea editorial.

No quiero que me metan prisa y tenga que publicar una chapuza que sea un compuesto de noticias de agencias.

No quiero acudir a ruedas de prensa sin preguntas.

No quiero que las noticias más interesantes para el público sean las de sucesos o las que den pie a un tratamiento alarmista o sensacionalista, sin profundizar en las causas, en lo realmente importante más allá de la sangre, el morbo y el pánico colectivo.

A lo mejor algunas cosas desde dentro no están tan mal. A lo mejor otras están peor de lo que me temo. Pero está claro que mi problema no es una crisis de vocación, sino toparme, aunque sea de lejos y por experiencia de terceros, con la cruda realidad.

Hace unos meses, el continuo bombardeo de noticias sobre la gripe H1N1 llegó a crear un miedo que sólo hasta hace unas semanas no ha empezado a apaciguarse. Ahora, por poner otros ejemplos, en la agenda mediática están, por un lado, el conflicto entre el PSOE y el diario El País (y aquí no te puedes fiar del resto de diarios tampoco porque son competidores), y por otro, el tema de moda de la semana: lo perdida que está la nueva generación de niños y adolescentes (como si eso fuera una novedad: pasa en todas las generaciones), entre los que pegan a sus padres y sus compañeros, fracasan en el colegio, hacen botellón...

¿Por qué demonios no me habré metido a notaria o a fontanera, o a limpiar pisos? ¿Por qué me tengo que meter en este embrollo del periodismo?

Debo de estar loca perdida.

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