8 de septiembre de 2011

Esclavos de las ideas

Voy a confesar algo: no me siento cómoda opinando. Como todo el mundo, tengo un punto de vista sobre casi todo, pero soy consciente de que en el 99% de los casos, tiene muy poca base. Y he quitado decimales para evitar ser exagerada o pecar de falsa modestia. Soy de las que prefieren escuchar y no se mojan mucho con nada.

En cierta forma, me apura tener una opinión determinada. En mi mente casi siempre hay un "sí, pero...". No es deformación profesional o sólo inseguridad en mi juicio: también es un miedo a que las ideas me cieguen, como le ha pasado a tanta gente. Siempre me ha desagradado la dinámica de grupitos rivales y suelo ponerme en lugar de la otra parte, buscando sus motivaciones. Miro con desconfianza las ideologías porque me parecen sesgadas per se, y cualquier cosa que huela a panfleto político, incluso si es en una reunión ciudadana tipo 15-M o por casualidad yo comulgo con esas ideas, me da alergia.

¿Significa que no soy capaz asentir a cada palabra de un discurso bien hecho o que me toque? Claro que no. ¿Que no tengo ideas fuertes, unos principios inamovibles (o eso me gustaría pensar)? Claro que los tengo. He mencionado alguna vez en Twitter que, muchas veces, cuanto más enfadada estoy por algún tema, más ganas tengo de escribir en este blog que actualizo semestralmente con suerte. ¿Qué pasa? Pues que sé que lo que he escrito no está meditado y cuando ya se me ha pasado el disgusto de turno, la entrada, en borrador, ya no tiene sentido para mí. De ahí que en mis tweets sí ponga cosas personales, aunque sea entre líneas: lo actualizo en el momento, y lo que pasó, pasó.

La idea de esta entrada surgió cuando le estaba dando vueltas a las pruebas del máster. Una de ellas era una redacción libre sobre una serie de temas, y yo elegí las revueltas árabes. ¿Y de qué habló servidora en la redacción? Pues se puso a renegar sobre la cobertura en los medios de las mismas y del sentimiento de superioridad que tiene Occidente respecto al resto del mundo. Así, en crudo, sin matices. Me gustan los matices, pero tenía una hora y escribí lo que me venía....¿a la cabeza?

Últimamente lo he notado: estoy más susceptible, hay cosas de la vida y del estado del mundo que, sintiendo utilizar una palabra tan manida hoy en día, me indignan. Sé que no es malo dejarse llevar por las emociones de vez en cuando, pero yo no suelo funcionar así. También soy consciente de que nunca podré ser completamente objetiva, pero al menos me gustaría conservar una mente abierta y un buen criterio. Considero ser racional una virtud en la vida y en mi profesión, mas últimamente me noto descontrolada, abrumada. Y me molesta sentirme vulnerable, además de por mis propios problemas, ante las consignas, las campañas, el pánico calculado.

Supongo que eso, en gran parte, tampoco es racional. Pero es mi opinión.