19 de mayo de 2013
'El Cosmonauta' que perdió el rumbo.
Ayer fue el estreno mundial en abierto de ‘El Cosmonauta’, el gran proyecto de crowdfunding en España. Tras cuatro años de espera, más allá del éxito que ha supuesto como fenómeno social y gran experimento nacional del micromecenazgo, es hora de evaluar el resultado examinando el buque insignia de esta historia transmedia: la película.
Ambientada en los años 70 de la Unión Soviética, ‘El Cosmonauta’ narra la historia de Andrei (Max Wrottesley), Stas (Leon Ockenden) y Yulia (Katrine De Candole), que forman parte del programa espacial para llegar a la Luna. Estéticamente la película no tiene nada que envidiar a las historias financiadas por grandes productoras. Sin embargo, a pesar del bonito envoltorio de ciencia-ficción, no deja de ser una historia de amor tirando a normalita que no han sabido contar en condiciones.
Hay un momento en que dos personajes se ponen a hablar acerca de la posibilidad de viajar en el tiempo: “¿Tú irías hacia atrás o hacia delante?” “Hace tiempo te hubiese dicho que al pasado. Ahora ya no estoy tan seguro”. El diálogo es casi profético, porque uno de los grandes problemas de ‘El Cosmonauta’ es el montaje.
La película empieza con la vuelta de Stas a nuestro planeta tras cumplir su sueño de pisar la Luna. Finalmente llega a un mundo igual que la Tierra, pero completamente desierto. El planteamiento nos deja dos interrogantes: ¿Dónde está realmente? ¿Hay alguna forma de que vuelva con Yulia (la película apenas explora su relación con Andrei)? El viaje de ‘El Cosmonauta’, en lugar de servir para buscar respuestas a estas preguntas –aunque fueran respuestas ambiguas o poco creíbles-, consiste en eludirlas narrando en su lugar la historia de los tres protagonistas y su carrera espacial y emocional. No es que no sea importante contarlo, pero no es la película que nos han presentado durante los primeros minutos.
Quizás sería menos decepcionante si a pesar de eso la historia resultara interesante. Ni siquiera funciona la mezcla de flashbacks con las escenas del presente que muestran cómo les afecta a cada uno la separación. Al final, decidieron optar por lo estético y sentimental y ahí se queda: en algo bello que no deja huella, en un juego de impresiones. La película sólo brilla en algunos momentos en los que logramos conectar emocionalmente con los personajes. No es un problema de interpretación, sino que no dan más de sí.
Sé que hay una serie de webisodios que completan la historia. Pero en mi opinión, a la hora de hacer un producto transmedia cada uno de sus contenidos debe tener valor en sí mismo. Y que precisamente sea la nave nodriza, el gran proyecto que atrajo los primeros inversores, la que pierda el rumbo no es una buena señal.
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8 de septiembre de 2011
Esclavos de las ideas
Voy a confesar algo: no me siento cómoda opinando. Como todo el mundo, tengo un punto de vista sobre casi todo, pero soy consciente de que en el 99% de los casos, tiene muy poca base. Y he quitado decimales para evitar ser exagerada o pecar de falsa modestia. Soy de las que prefieren escuchar y no se mojan mucho con nada.
En cierta forma, me apura tener una opinión determinada. En mi mente casi siempre hay un "sí, pero...". No es deformación profesional o sólo inseguridad en mi juicio: también es un miedo a que las ideas me cieguen, como le ha pasado a tanta gente. Siempre me ha desagradado la dinámica de grupitos rivales y suelo ponerme en lugar de la otra parte, buscando sus motivaciones. Miro con desconfianza las ideologías porque me parecen sesgadas per se, y cualquier cosa que huela a panfleto político, incluso si es en una reunión ciudadana tipo 15-M o por casualidad yo comulgo con esas ideas, me da alergia.
¿Significa que no soy capaz asentir a cada palabra de un discurso bien hecho o que me toque? Claro que no. ¿Que no tengo ideas fuertes, unos principios inamovibles (o eso me gustaría pensar)? Claro que los tengo. He mencionado alguna vez en Twitter que, muchas veces, cuanto más enfadada estoy por algún tema, más ganas tengo de escribir en este blog que actualizo semestralmente con suerte. ¿Qué pasa? Pues que sé que lo que he escrito no está meditado y cuando ya se me ha pasado el disgusto de turno, la entrada, en borrador, ya no tiene sentido para mí. De ahí que en mis tweets sí ponga cosas personales, aunque sea entre líneas: lo actualizo en el momento, y lo que pasó, pasó.
La idea de esta entrada surgió cuando le estaba dando vueltas a las pruebas del máster. Una de ellas era una redacción libre sobre una serie de temas, y yo elegí las revueltas árabes. ¿Y de qué habló servidora en la redacción? Pues se puso a renegar sobre la cobertura en los medios de las mismas y del sentimiento de superioridad que tiene Occidente respecto al resto del mundo. Así, en crudo, sin matices. Me gustan los matices, pero tenía una hora y escribí lo que me venía....¿a la cabeza?
Últimamente lo he notado: estoy más susceptible, hay cosas de la vida y del estado del mundo que, sintiendo utilizar una palabra tan manida hoy en día, me indignan. Sé que no es malo dejarse llevar por las emociones de vez en cuando, pero yo no suelo funcionar así. También soy consciente de que nunca podré ser completamente objetiva, pero al menos me gustaría conservar una mente abierta y un buen criterio. Considero ser racional una virtud en la vida y en mi profesión, mas últimamente me noto descontrolada, abrumada. Y me molesta sentirme vulnerable, además de por mis propios problemas, ante las consignas, las campañas, el pánico calculado.
Supongo que eso, en gran parte, tampoco es racional. Pero es mi opinión.
16 de abril de 2011
Nada nuevo bajo el sol político
La comparecencia del presidente de la Comunidad, Ramón Luis Valcárcel, fue otro acto
más de la precampaña para las elecciones del 22 de mayo. Las preguntas de los grupos
parlamentarios trataban de nuevo sobre la responsabilidad que tuviera el Gobierno de la Región
en la situación de la Comunidad, aunque por supuesto desde diferentes ángulos. El presidente,
arropado por los miembros del partido, a los que miraba continuamente mientras respondía, y
cargos del Gobierno presentes en el banco azul, no tuvo problema en repetir otra vez frente a la
Asamblea la defensa de su gestión.
El portavoz del grupo popular Juan Carlos Ruiz López pidió una valoración sobre
el “constante y evidente trato desigual” del Gobierno de la Nación a la Comunidad en
materia de financiación. Sólo podía tener una respuesta de Valcárcel: “tristeza” como
español e “indignación” como murciano ante lo que él calificó de sectarismo, al recordar que
comunidades como Cataluña, Andalucía, Aragón y Baleares habían obtenido permiso para una
refinanciación de deuda que le es negada a la Región.
Begoña García Retegui utilizó su turno para tachar al Ejecutivo de Administración morosa y
apuntar que el déficit traería a la Región más impuestos y no empleo, además de defender a su
partido como la alternativa que evitaría la pérdida de derechos sociales. Valcárcel replicó que
su oponente político explicara dónde estaba el despilfarro y citó las inversiones que ha realizado
durante la legislatura en materia de salud. Criticó a al PSRM por no defender los intereses de la
Región frente a su “amo” y de nuevo atacó a Zapatero por no tener en cuenta el crecimiento de
población, una de las consignas que el grupo popular repitió hasta la saciedad en el Pleno.
El representante del grupo mixto, José Antonio Pujante describió la situación económica
de la Región de “debacle”, en el que enumeró numerosos problemas –el paro y el retroceso
de renta per cápita, entre muchos otros- y reclamó una autocrítica que, como era de esperar
tras las intervenciones anteriores, no obtuvo. El presidente de la Comunidad alegó que no
podía asimilar la responsabilidad en materia laboral, fiscal o energética, que no son de su
competencia. Eso sí: a Valcárcel, los impagos a los proveedores y, sobre todo, los parados, le
quitan el sueño, como a Zapatero. Esperemos quien salga elegido en mayo, viendo que tiene
cuatro años, se quede más tranquilo y haga las reformas necesarias para arreglar esto.
más de la precampaña para las elecciones del 22 de mayo. Las preguntas de los grupos
parlamentarios trataban de nuevo sobre la responsabilidad que tuviera el Gobierno de la Región
en la situación de la Comunidad, aunque por supuesto desde diferentes ángulos. El presidente,
arropado por los miembros del partido, a los que miraba continuamente mientras respondía, y
cargos del Gobierno presentes en el banco azul, no tuvo problema en repetir otra vez frente a la
Asamblea la defensa de su gestión.
El portavoz del grupo popular Juan Carlos Ruiz López pidió una valoración sobre
el “constante y evidente trato desigual” del Gobierno de la Nación a la Comunidad en
materia de financiación. Sólo podía tener una respuesta de Valcárcel: “tristeza” como
español e “indignación” como murciano ante lo que él calificó de sectarismo, al recordar que
comunidades como Cataluña, Andalucía, Aragón y Baleares habían obtenido permiso para una
refinanciación de deuda que le es negada a la Región.
Begoña García Retegui utilizó su turno para tachar al Ejecutivo de Administración morosa y
apuntar que el déficit traería a la Región más impuestos y no empleo, además de defender a su
partido como la alternativa que evitaría la pérdida de derechos sociales. Valcárcel replicó que
su oponente político explicara dónde estaba el despilfarro y citó las inversiones que ha realizado
durante la legislatura en materia de salud. Criticó a al PSRM por no defender los intereses de la
Región frente a su “amo” y de nuevo atacó a Zapatero por no tener en cuenta el crecimiento de
población, una de las consignas que el grupo popular repitió hasta la saciedad en el Pleno.
El representante del grupo mixto, José Antonio Pujante describió la situación económica
de la Región de “debacle”, en el que enumeró numerosos problemas –el paro y el retroceso
de renta per cápita, entre muchos otros- y reclamó una autocrítica que, como era de esperar
tras las intervenciones anteriores, no obtuvo. El presidente de la Comunidad alegó que no
podía asimilar la responsabilidad en materia laboral, fiscal o energética, que no son de su
competencia. Eso sí: a Valcárcel, los impagos a los proveedores y, sobre todo, los parados, le
quitan el sueño, como a Zapatero. Esperemos quien salga elegido en mayo, viendo que tiene
cuatro años, se quede más tranquilo y haga las reformas necesarias para arreglar esto.
Un mal sistema, por encima de la democracia
Cuando sale a la luz un caso de corrupción, se oyen murmullos entre los ciudadanos
en la línea del “ya se veía venir”, “si es que llevan años haciendo lo mismo”, etc.
La corrupción es enriquecerse a costa del dinero de todos, y sin embargo, en estos
tiempos de crisis económica, donde debería dolernos más que nunca lo que nos quiten
del bolsillo, el barómetro del CIS indica que a los españoles les preocupa más la
inmigración (¿porque nos quitan puestos de trabajo que nadie quiere, por ejemplo?) que
la corrupción y el fraude.
Claro que también la misma encuesta indica que le superan la preocupación por
Gobierno y por los partidos políticos. ¿Qué sacamos de esto? ¿Que los políticos son
una especie aparte, maldita, simplemente humanos contaminados por el poder? Fiscalía
afirma que los políticos corruptos son una minoría, pero la desconfianza hacia el poder
no es nada nuevo y más cuando está justificada. Reconozco que hasta yo caigo en la
generalización, esa excusa fácil, pero hay que mirar más allá. ¿Por qué en un sistema
democrático como el nuestro hay tanta miseria?
El problema es que ese mismo sistema no funciona como debería. ¿Cómo puede
considerarse realmente democrático cuando en el ámbito más local sólo podemos votar
a gente que está en una lista? Quien no ha sido incluido por los de arriba, aunque haya
dedicado la vida al partido, acaba siendo nadie. Los partidos políticos funcionan a
dedo –y últimamente hay unos cuantos que sólo han trabajo en este mundo, en lugar de
abandonar un trabajo normal-, y los políticos locales, como tienen los hilos, repiten este
método.
Otro problema es que los ayuntamientos asumen demasiadas competencias que
en realidad no son suyas y no tienen dinero suficiente para dar todos los servicios.
¿Conclusión? Van a por el dinero fácil –el ladrillo, durante muchísimos años- y el trato
de favores con el primo, el cuñado, el amigo del amigo…. Los partidos, además, están
muy mal acostumbrados a no dar cuenta de las financiaciones privadas.
En estas municipales se han incluido en las listas a gente imputada en casos de
corrupción siga siendo candidatos, pues para el partido son meras “irregularidades
administrativas” o “montajes”. ¿Defensa de la presunción de inocencia? Yo diría que es
miedo a perder votos por presentar una cara nueva y no dar la razón al oponente. De la
corrupción no se libra ningún partido. No me extraña que los ciudadanos consideren a
toda la clase política un problema en lugar de sólo a las manzanas podridas.
El hecho de que no haya tolerancia cero a cualquier tipo de implicación en estos delitos
me parece muy elocuente. Todos juntos, por el Partido. Respetemos el sistema fallido y
antidemocrático que lo perpetúa.
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16 de abril de 2010
El quinto poder
La semana pasada, a raíz de la entrada de cierta periodista en ciernes, me referí a a la prepotencia del cuarto poder. Durante años, los medios han sido la autoridad para decidir qué es tema de debate público y lo que hay que opinar. Son bien conscientes de su influencia y, desgraciadamente, no siempre la han usado por el bien de la sociedad.
Hace tiempo que su autoridad, al igual que la de los políticos, es cuestionada. No debería ser una sorpresa: la autoridad es algo que se ha cuestionado durante los últimos tiempos, y más cuando se trata de un poder corrupto. ¿Que sólo son un par de manzanas podridas? No sé si un par, pero sí las suficientes, porque tener unos buenos medios (al igual que buenos políticos) nos importa.
No obstante, en este nuevo ambiente gracias a la Web social, podríamos decir que, si los medios de comunicación son el cuarto poder, los blogs y redes sociales son el quinto. ¿O no?
Idealmente, ese quinto poder de Internet debería ser el primario, el original; léase, la verdadera voz del pueblo (qué término más manido, por desgracia), que ahora puede manifestarse sin mediadores. Problema: aquí no estamos todos.
Realmente, ¿no serían los blogs, las redes sociales, toda la Web social en general, una evolución del cuarto poder, un debate público menos elitista? Aún incompleto, insisto: ya sin contar con la brecha digital, ni siquiera ‘estar conectado’ implica tu participación, al igual que estar en edad de votar no garantiza que vayas a hacerlo.
A ello hay que sumarle otros factores limitadores del debate público antes de Internet que siguen afectando, en mayor o menor medida, al que se produce en la Red, como:
- La espiral del silencio: las voces minoritarias que se rebelen ahora pueden tener su propio altavoz sin sentir la presión del grupo, de acuerdo... pero sin apenas enlaces fuera del nicho, no existes.
- La censura que pueden imponer instituciones gubernamentales y empresas.
- El exceso de información, sumado a la velocidad con la que ésta circula y provoca que la agenda mediática cambie, factor acentuado por las nuevas tecnologías.
- Las diferencias culturales que puedan constituir un impedimento a la hora de aportar relatos alternativos. Se supone que con la globalización éstas son menores... pero también provoca que las minorías sean menos visibles.
Sí, Internet es una revolución y va a cambiar las cosas, pero aprovechar la oportunidad que supone no debería traducirse en tratarlo como la panacea. No, Internet no va a salvar la democracia, sólo la perfeccionará en su justa medida, porque es mera tecnología, depende del uso que le demos… una sociedad democrática debe tener ciudadanos que se comporten como tales para serlo.
No caigamos nosotros también en la prepotencia del cuarto poder.
Hace tiempo que su autoridad, al igual que la de los políticos, es cuestionada. No debería ser una sorpresa: la autoridad es algo que se ha cuestionado durante los últimos tiempos, y más cuando se trata de un poder corrupto. ¿Que sólo son un par de manzanas podridas? No sé si un par, pero sí las suficientes, porque tener unos buenos medios (al igual que buenos políticos) nos importa.
No obstante, en este nuevo ambiente gracias a la Web social, podríamos decir que, si los medios de comunicación son el cuarto poder, los blogs y redes sociales son el quinto. ¿O no?
Idealmente, ese quinto poder de Internet debería ser el primario, el original; léase, la verdadera voz del pueblo (qué término más manido, por desgracia), que ahora puede manifestarse sin mediadores. Problema: aquí no estamos todos.
Realmente, ¿no serían los blogs, las redes sociales, toda la Web social en general, una evolución del cuarto poder, un debate público menos elitista? Aún incompleto, insisto: ya sin contar con la brecha digital, ni siquiera ‘estar conectado’ implica tu participación, al igual que estar en edad de votar no garantiza que vayas a hacerlo.
A ello hay que sumarle otros factores limitadores del debate público antes de Internet que siguen afectando, en mayor o menor medida, al que se produce en la Red, como:
- La espiral del silencio: las voces minoritarias que se rebelen ahora pueden tener su propio altavoz sin sentir la presión del grupo, de acuerdo... pero sin apenas enlaces fuera del nicho, no existes.
- La censura que pueden imponer instituciones gubernamentales y empresas.
- El exceso de información, sumado a la velocidad con la que ésta circula y provoca que la agenda mediática cambie, factor acentuado por las nuevas tecnologías.
- Las diferencias culturales que puedan constituir un impedimento a la hora de aportar relatos alternativos. Se supone que con la globalización éstas son menores... pero también provoca que las minorías sean menos visibles.
Sí, Internet es una revolución y va a cambiar las cosas, pero aprovechar la oportunidad que supone no debería traducirse en tratarlo como la panacea. No, Internet no va a salvar la democracia, sólo la perfeccionará en su justa medida, porque es mera tecnología, depende del uso que le demos… una sociedad democrática debe tener ciudadanos que se comporten como tales para serlo.
No caigamos nosotros también en la prepotencia del cuarto poder.
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quinto poder