16 de abril de 2011

Un mal sistema, por encima de la democracia

Cuando sale a la luz un caso de corrupción, se oyen murmullos entre los ciudadanos
en la línea del “ya se veía venir”, “si es que llevan años haciendo lo mismo”, etc.
La corrupción es enriquecerse a costa del dinero de todos, y sin embargo, en estos
tiempos de crisis económica, donde debería dolernos más que nunca lo que nos quiten
del bolsillo, el barómetro del CIS indica que a los españoles les preocupa más la
inmigración (¿porque nos quitan puestos de trabajo que nadie quiere, por ejemplo?) que
la corrupción y el fraude.

Claro que también la misma encuesta indica que le superan la preocupación por
Gobierno y por los partidos políticos. ¿Qué sacamos de esto? ¿Que los políticos son
una especie aparte, maldita, simplemente humanos contaminados por el poder? Fiscalía
afirma que los políticos corruptos son una minoría, pero la desconfianza hacia el poder
no es nada nuevo y más cuando está justificada. Reconozco que hasta yo caigo en la
generalización, esa excusa fácil, pero hay que mirar más allá. ¿Por qué en un sistema
democrático como el nuestro hay tanta miseria?

El problema es que ese mismo sistema no funciona como debería. ¿Cómo puede
considerarse realmente democrático cuando en el ámbito más local sólo podemos votar
a gente que está en una lista? Quien no ha sido incluido por los de arriba, aunque haya
dedicado la vida al partido, acaba siendo nadie. Los partidos políticos funcionan a
dedo –y últimamente hay unos cuantos que sólo han trabajo en este mundo, en lugar de
abandonar un trabajo normal-, y los políticos locales, como tienen los hilos, repiten este
método.

Otro problema es que los ayuntamientos asumen demasiadas competencias que
en realidad no son suyas y no tienen dinero suficiente para dar todos los servicios.
¿Conclusión? Van a por el dinero fácil –el ladrillo, durante muchísimos años- y el trato
de favores con el primo, el cuñado, el amigo del amigo…. Los partidos, además, están
muy mal acostumbrados a no dar cuenta de las financiaciones privadas.

En estas municipales se han incluido en las listas a gente imputada en casos de
corrupción siga siendo candidatos, pues para el partido son meras “irregularidades
administrativas” o “montajes”. ¿Defensa de la presunción de inocencia? Yo diría que es
miedo a perder votos por presentar una cara nueva y no dar la razón al oponente. De la
corrupción no se libra ningún partido. No me extraña que los ciudadanos consideren a
toda la clase política un problema en lugar de sólo a las manzanas podridas.

El hecho de que no haya tolerancia cero a cualquier tipo de implicación en estos delitos
me parece muy elocuente. Todos juntos, por el Partido. Respetemos el sistema fallido y
antidemocrático que lo perpetúa.

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